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ozonoterapia y covid

Covid-19, Clínica Vilás y ozonoterapia

Margarita Lliteras Costa | Abogada 22.05.2020 | 22:46

Creo que debemos de ser de los primeros ibicencos que caímos enfermos con el coronavirus en Ibiza. Mi marido y yo empezamos uno el 9 y el otro el 10 de marzo con fiebre, tos seca –que parecía sólo de tráquea- y demás síntomas típicos de una gripe aguda, por lo que nos quedamos en cama y, como siempre, nos tratamos con homeopatía.

Al cabo de una semana seguíamos postrados y sin ninguna energía, pero ya se sabe que las gripes pueden durar y que no hay ningún medicamento alopático que sea realmente efectivo contra los virus en general y la gripe en particular, y más aún contra el Covid-19, así que seguimos con el proceso esperando acabara pronto. Aunque en este punto ya estaba claro que teníamos síntomas compatibles con el coronavirus y yo estaba del todo persuadida de que lo teníamos, nuestro médico de cabecera de Atención Primaria, en entrevista telefónica, consideró que esto era «imposible» –dado que en Ibiza, en estas fechas, no había prácticamente nadie infectado–, y como en mi opinión parecía un coronavirus de grado leve a moderado y no presentábamos ningún síntoma de ahogo ni de dificultad respiratoria y la tos parecía poco importante, esporádica y de las vías respiratorias altas, seguimos en la cama una semana más, aunque tan apalizados o más que al principio.

Después de 16 días en cama y con la ayuda sólo de la homeopatía, mi fiebre –que había ido en disminución en los últimos días– desapareció, así como los demás síntomas, excepto un pequeño resto de tos, y empecé a sentirme mejor, aunque muy agotada.

Pero mi marido (con 75 años y persona de alto riesgo, no sólo por su edad sino por haber sufrido una gravísima operación de cáncer 10 meses antes) no mejoraba. Seguía con febrículas por la mañana y, por la tarde y noche, con fiebre de 38,5º. Por tanto, empecé a inquietarme y llamé al 061, la central de Urgencias de la Seguridad Social, dándoles toda la información.

Preguntas del 061: «¿Se ahoga?»; «¿ha viajado al extranjero?»; «¿ha estado en contacto con alguien contagiado de coronavirus?». Y como mi marido no se ahogaba, ni habíamos viajado –aunque sí confirmé que habíamos tenido contacto con unos italianos justo antes de caer enfermos, a lo cual no dieron ninguna importancia–, se negaron a mandarnos a casa el doctor que yo solicitaba «para explorar a mi marido, por si había pasado a bronquios, y dado que era un paciente de alto riesgo». Pero pese a mi insistencia –haciendo 2 o 3 llamadas más al 061 en días alternos–, fue imposible convencerles de que necesitábamos a un doctor con toda urgencia.

Así las cosas, vista la agravación del estado de postración de mi marido durante el fin de semana y ante la falta de asistencia por parte del 061, el domingo 29 de marzo me puse en contacto telefónico con un doctor homeópata de Ibiza para ver si podía venir a casa a verle y auscultarle, pero al no tener él ninguna duda de que se trataba de un caso claro de Covid-19 y de que mi marido se encontraba ya en un estado en el que precisaba sin más dilación asistencia hospitalaria y realización de pruebas, el lunes 30 de marzo, tras 20 días de enfermedad, en un taxi, y por recomendación personal de este doctor a su colega de Urgencias de la Clínica Vilás (Policlínica del Rosario), me llevé allí a mi marido.

En Urgencias de la Clínica Vilás, fuimos recibidos de inmediato por el doctor, que tuvo la amabilidad de recogernos directamente al llegar a recepción y nos trasladó al reservado de Urgencias para los casos de coronavirus dotado de todo el protocolo de seguridad, y al comprobar que la saturación de mi marido, Jesús García Varela, era del 88% y que, por tanto, tenía insuficiencia respiratoria (aunque nos había pasado desapercibida por falta de síntomas de ahogo!), tras ponerle de inmediato la pinza de oxígeno procedió a hacerle las pruebas del Covid-19, Rayos X y TAC, siendo el resultado de las mismas una neumonía bilateral muy grave, extendida en ambos pulmones, típica del Covid-19 y de carácter residual, puesto que el virus ya no estaba activo después de los 20 días transcurridos desde la aparición de los síntomas el 10 de marzo.

En cuanto a mí, el doctor insistió en hacerme las mismas pruebas y, ante mi sorpresa, se evidenció la existencia de otra neumonía bilateral, también con múltiples infiltraciones en ambos pulmones, típica del Covid-19 (igualmente sin ningún síntoma de ahogo) y que afortunadamente ya había superado con la ayuda de la homeopatía, por lo cual me dieron el alta para seguir la convalecencia confinada en casa.

Así las cosas, se determinó el ingreso de Jesús, pues no había otra opción más que la hospitalización bajo estricta vigilancia médica. Nuestro más cordial agradecimiento al Dr. Francisco Vilás por permitir el ingreso en la Policlínica a un paciente de la Seguridad Social, pese a las determinaciones del protocolo. ¡Como se verá seguidamente, esta decisión fue por completo providencial!

El ingreso de Jesús en la Policlínica duró 23 días, desde el 30 de marzo por la mañana hasta el 21 de abril por la tarde.

Durante los primeros 15 días, pese a que iba mejorando muy lentamente tanto clínica como analíticamente, a nivel radiológico no mejoraba y sus pulmones seguían con la gran inflamación residual, con las crepitaciones típicas de la fibrosis pulmonar en la auscultación, y preocupantes fluctuaciones y bajadas en la saturación del oxígeno.

De repente, del estado estacionario en el que se encontraba, sin avanzar ni retroceder, se produjo un empeoramiento, y pese a que en su caso ya se había descartado la aplicación de la ozonoterapia por estar su neumonía en fase residual y no aguda –aunque cada día que pasaba la fibrosis seguía en aumento debido a la enorme inflamación pulmonar-, ante tal situación, el decimosexto día de su ingreso y reunido todo el equipo de la Policlínica –que es quien decide de forma colegiada su aplicación–, se decidió proponerle el tratamiento por ozonoterapia que hasta entonces nunca se había aplicado en un caso ‘viejo’ como el suyo.

La respuesta inmediata de Jesús –al saber que esta terapia no tenía efectos secundarios– fue afirmativa; y este mismo día empezaron el tratamiento, que en principio debía durar cuatro días, con dos sesiones por día, una por la mañana y otra por la tarde. Inmediatamente, tras la primera transfusión, él se sintió con más energía y que podía respirar mejor y, por primera vez y sin siquiera consultarlo, se sacó la pinza de oxígeno –que llevaba permanentemente– durante más de una hora (imagino que debido al efecto ‘euforia’ que suele producir el tratamiento; aunque debido a la nueva bajada de la saturación le dijeron que se la volviera a poner y que no debía quitársela).

A partir de aquí, cada día iba mejorando poco a poco, pero como el tema no se acababa de resolver, el cuarto día del tratamiento decidieron prorrogárselo durante tres días más, aunque sólo con una sesión diaria.

El séptimo día del tratamiento con ozonoterapia su cambio fue tan espectacular que decidieron darle el alta al día siguiente. Y así fue, y el 21 de abril ¡regresó a casa!

No sabemos cómo hubiese terminado la cosa –y más aún en un paciente de tan alto riesgo como Jesús, operado de cáncer con extirpación de órganos sólo 10 meses antes„ si no hubiese sido in extremis ingresado en la Clínica Vilás y habérsele aplicado la ozonoterapia.

Ahora bien, lo que no logramos entender es cómo es posible que nuestra tan extraordinaria y apreciada sanidad pública no esté aplicando un tratamiento que se está demostrando que funciona, sin efectos secundarios y con gran éxito en la mayor parte de los casos. Y menos aún se entiende cuando, en cambio, sí se están administrando otros tratamientos tan experimentales como el anterior con corticoides y la cloroquina o hidroxycloroquina, aunque con dudoso éxito e indudables efectos secundarios.

Puesto que la ozonoterapia está funcionando y tiene la infinita ventaja de carecer de efectos adversos, nuestra pregunta es: ¿por qué no se abre una reflexión al respecto en la sanidad pública y se comienza a aplicar allí también a los pacientes que lo deseen? ¿No sería maravilloso que el Hospital de Can Misses de Ibiza se convirtiera en el otro centro que, junto a la Policlínica Vilás, fueran la avanzadilla en España y en el mundo de este tratamiento para el Covid-19 que ya ha salvado vidas?


Ojalá sea así. Mientras tanto, todo nuestro agradecimiento a todo el equipo de Vilás, que ha tratado admirablemente a Jesús y que ha tenido la idea y la valentía de ser el pionero en aplicar la ozonoterapia para el tratamiento del coronavirus, pues hasta ahora este tratamiento se aplicaba en la Policlínica sólo en la Unidad del Dolor y con gran éxito, por cierto, desde hace más de ocho años, como es público y notorio en Ibiza.

Para concluir, y en corroboración de lo anterior, sólo añadir que tras su alta hospitalaria, pero con el oxígeno en casa –que se administraba según necesidad y durante toda la noche–, Jesús ha ido mejorando día a día y que a las tres semanas de haber sido dado de alta, Jesús ha tenido ahora la visita médica con la misma doctora internista de la Clínica Vilás que lo atendió durante su hospitalización, y cuál no ha sido nuestra sorpresa al saber que, en la auscultación, ya no se escuchan las crepitaciones típicas de la fibrosis pulmonar que habían estado en todo momento presentes; por lo cual la doctora le prescribió la realización de un nuevo TAC.

Pues bien, contra todo pronóstico, el TAC muestra ahora una mejoría muy significativa. De las lesiones graves que tenía en las bases de ambos pulmones, sólo queda un mínimo infiltrado intersticial que es posible que con el tiempo también desaparezca y, aunque hay que hacer seguimiento médico hasta cumplir los seis meses, Jesús no ha quedado en un estado de invalidez que le obligue a estar conectado al oxígeno, bien permanentemente o bien al salir a la calle, como se había previsto.

El efecto de oxigenación pulmonar que produce el tratamiento de la ozonoterapia se prolonga durante un tiempo después de su administración, y hoy ¡Jesús empieza a hacer vida normal sin precisar ya oxígeno en ningún momento! Nuevamente, toda nuestra gratitud por haber tenido acceso a este extraordinario tratamiento.

Yam Carlos Murillo Obando

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